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Tetas

     Entraron al playón haciendo repiquetear sus sandalias sobre el piso de piedra. —Por más que la vea, la estatua de la Diosa no deja de impresionarme. —Es increíble, cada año la construyen más grande.  No sé de dónde sacan tanto mimbre.      Amanda y Laura sólo hablaban entre sí.  A pesar de que hacía bastante que participaban de las reuniones, no habían entablado amistad con ninguna de las otras asistentes habituales.  Las demás se mantenían en silencio o cuchicheaban esporádicamente con la de al lado. —La verdad que valió la pena haber venido, aunque sea sólo para poder admirarla. —Claro, y esas 20 tetas gigantes son realmente imponentes.  No hay nada más femenino. —Si no me doliera tanto la espalda, te juro que te hacía caballito para que le pudieras tocar una, dicen que es lo que más suerte dá. —¡Ja!  ¡Cállate loca, que nos van a correr por irrespetuosas!  Con lo importante que es pa...

Dos postales

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Buenos Aires, 3 de julio de 1976 Estimados Sr. López y Sra.      Me dirijo a ustedes por la presente, partiendo de un dato que me ha llegado de que andarían queriendo hacer ciertas averiguaciones que no es conveniente realizar en estos momentos.  Por eso les quisiera clarificar algunos puntos:      Los rumores que están circulando por ahí son puras injurias; déjenme asegurarles que su hija se encuentra bien y se la está tratando como se debe.  Su detención fue producto de una exhaustiva indagación a cargo de nuestra fuerza, la cual trabaja de manera óptima y no es dada a cometer errores.      Igualmente, cabe recordar que si se ha procedido a demorarla, habrá sido por un buen motivo.  Como hombre de familia que también soy, les diría que una verdadera jovencita de bien no tendría por qué estar juntándose ni noviando con ciertos individuos.  Y menos permanecer en las institucio...

¡Corré que nos agarra!

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     ¡Pero la puta madre, se suponía que ibas a hacer guardia!  Así no tendríamos que estar huyendo como locos ahora.  Dejá, no trates de decirme nada y seguí corriendo.      Al principio pensé que sabías lo que estabas haciendo, que podías ir preguntando entre los locales sin levantar sospechas.  Pero menos mal que me ocupé yo, sino no hubiéramos llegado demasiado lejos.  Un rumor solamente no nos iba a sacar de pobres.  Yo fui el que terminó consiguiendo la dirección del rancho y el que insistió en cortarnos solos para repartir entre nosotros lo que encontremos después.      Quizás le pegué un poco de más a ese viejo Coya, pero al final nos terminó diciendo todo lo que sabía sobre el lugar.  ¡Si hasta nos señaló donde tenía guardada las palas y los picos! Ya de por sí, era feo el guacho; desdentado y piojoso como poncho viejo.  Pero creo que lo dejamos peor. ...

La fábula de Velyabinsk

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     “Había una vez,”— le contaba la abuela a su nietita —“una ciudad tan brillante que todos los días amanecía antes de que la tocara el sol.  Estaba ubicada en una lejana isla, construida enteramente de cristal transparente y emplazada, a su vez, sobre gigantescas columnas de cuarzo.  Sus calles, amplísimas y luminosas, se movían entre los edificios de forma elegante y eficiente, conectándolos entre sí como si fueran parte de un gran juego de química, intrincado y burbujeante.  Las construcciones se dejaban ver en todo su esplendor, prístinas y cristalinas, altas como gigantes mitológicos, con sus entrañas al aire y siempre refulgentes.  Cilindros pulidos de diferentes alturas y enfrentados entre sí, como un gigantesco órgano de fuelle.  Y como tal titánico instrumento musical sonaba todos los años con la llegada del Solsticio de Zirconio.       Así, los habitantes se despertaban, diáfanos e ilusio...

La Rejilla

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     Vamos a dejarlo en claro desde el principio: Luna odiaba a su madre. Desde siempre, y con los años esta situación se había ido intensificando a tal punto que ya ni le hablaba en absoluto.  Ni una palabra en los últimos 3 años.             Su madre tampoco le tenía demasiado cariño.  Había sido concebida más por un mandato familiar que por un genuino y sincero deseo maternal.  Siendo madre de seis hijas mujeres, fue inevitable que Luna fuera el último tiro de suerte para romper la racha.  Pero no había funcionado.  Y el resentimiento de la mujer se hizo notar prácticamente desde el día en que Luna dio su primer rezongo.      Creció rebelde y solitaria, pasando la mayor parte del día encerrada en su casa.  Siendo la menor, había heredado de sus hermanas (quienes la despreciaban por rara y por no ser tan bonita como ellas) las tareas del...